¿Qué es la “Regla de vida”?

A menudo olvidamos que lo que el Señor nos pide es que respondamos cada día a su proyecto de amor y a su voluntad sobre nosotros (nuestra auténtica felicidad), para transformar nuestra vida en un verdadero encuentro con Él. Es en esta óptica que el Movimiento propone la “Regla de vida” como uno de los Puntos Concretos de Esfuerzo.

La “Regla de vida” es la búsqueda de un objetivo preciso con el cual empeñarse
en la relación con Dios y con el prójimo; objetivo hacia el cual tender
de modo particular durante un cierto tiempo, hasta construir un hábito o actitud
(un mes, seis meses, un año, incluso más…).

De esta forma, con un objetivo preciso, se conseguirá progresar en el crecimiento humano y cristiano adecuando el paso a los descubrimientos hechos poco a poco, y estimulados por los pequeños éxitos conseguidos.

Por su naturaleza, la “Regla de vida” es de carácter personal.

La Regla de vida queda inscrita en la lógica de los demás Puntos Concretos de Esfuerzo -Ayudas. Así, la Escucha de la Palabra y la Oración personal lo harán entrar en contacto y diálogo con Dios, tomando una mejor conciencia de nuestra realidad en la verdad.

El contacto personal con Dios por medio de la Palabra es el cimiento de toda vida espiritual.

Gracias a la oración descubrimos y acogemos, día tras día, el proyecto concreto que el Señor tiene sobre nuestra persona y nuestra pareja.

Así percibimos mucho mejor lo que eventualmente puede oscurecer la voluntad, y por tanto, lo que debemos mejorar o cambiar en nuestro comportamiento. De esta forma, haremos un examen personal que nos permitirá hacer una mejor elección de nuestra Regla de vida.

Cuando se practican con asiduidad la lectura de la Palabra y la oración personal, la Oración conyugal se convierte, de alguna forma, en la expresión de ambas oraciones individuales haciéndola más fácil y más real, al haberla hecho más profunda.

La oración conyugal nos hace percibir mejor a cada cónyuge el proyecto que Dios tiene sobre cada uno, contribuyendo así a construirnos un proyecto más coherente y, sobre todo, más dinámico de nuestra vida de pareja, percibiendo mejor las diversas reglas de vida posibles.

El Deber de sentarse –Diálogo conyugal que se hace en la presencia del Señor, es una forma conyugal del examen personal que debe dirigir la elección de una Regla de vida y desemboca en las decisiones concretas de progreso para el matrimonio y la familia.

Lo mismo el Retiro anual realizado en pareja es una ocasión para el resurgimiento espiritual más preciso y de una puesta a punto más profunda.

Frecuentemente es también una posibilidad de mejorar el conocimiento del pensamiento divino y de las enseñanzas de la Iglesia que, a menudo, tenemos de una forma fragmentaria o incompleta, por no hacer correctamente las lecturas de la Palabra, o por dejarnos influir por los medios de comunicación. Este retiro puede servir como examen general de vida para relanzar nuestro camino de crecimiento.

Mística de la “Regla de vida”

No se debe subestimar el valor de una regla de vida, ni minimizar su importancia, pues ella abre horizontes personales que pueden ayudar a cada uno a “dar un paso más” para responder al amor y a la llamada de Dios. No se puede olvidar que es grande la alegría en el cielo cuando alguien da un pequeño paso en la dirección adecuada. Así, en lugar de ser un “pequeño” punto concreto de esfuerzo, marginal y limitado, la Regla de vida interpela directamente nuestra libertad “de amar más”. Además, es urgente que los matrimonios cristianos de hoy sean verdaderos testimonios de adhesión a la Palabra de Dios, tanto por sus convicciones personales como por su coherencia de vida.

Hay una palabra que aparece con frecuencia en los escritos del padre Caffarel: “exigencia”. Él nos recuerda en muchos textos, su convicción íntima de que al amor de Dios por el hombre, éste debe responder con un amor igualmente radical. La vida cristiana es exigente, pasa por la Cruz. Y, dirigiéndose a los matrimonios, él los exhorta así: “No hay vida cristiana sin exigencia. Como personas y como parejas, en su amor y en su misión, sed exigentes y nunca quedareis decepcionados”.

La Regla de vida es un poderoso medio de conversión y renacer constante, como lo refleja la afirmación de Álvaro y Mercedes Gómez-Ferrer, antiguos responsables del ERI, en su documento Mística de los Puntos Concretos de Esfuerzo y la participación:

“Antes de fijarse una regla de vida se necesita conocerse, conocer las propias debilidades, las heridas, los puntos sobre los que necesitamos trabajar.

 

Los demás nos pueden ayudar a escoger esa regla. El equipo también puede ayudarnos porque podríamos tratar de evitar asumir nuestra propia responsabilidad. Se necesita comprender que un camino espiritual no es siempre de un progreso continuo. Es un comenzar y recomenzar incesante.

 

Por eso es que debemos revisar periódicamente esa regla”.

Una Regla de vida ayuda a modelar nuestra voluntad, no sólo en la vida diaria sino en la vida espiritual, haciéndonos menos impulsivos, menos egoístas, más unidos a las necesidades de nuestro alrededor.

Con ella nos esforzamos para alcanzar objetivos concretos a través de medios concretos, ya sea por la profundidad de nuestra vida de oración personal, conyugal o familiar, ya sea por la corrección de malos hábitos u omisiones.

El crecimiento espiritual obtenido a través de la Regla de vida nos puede traer más paz y serenidad, y esto será un signo de venida del Reino.

La elección de una “Regla de vida”

Para que la Regla de vida escogida sea realmente la que mejor convenga a nuestro crecimiento, se requiere que hagamos un esfuerzo para conocernos a nosotros mismos. Necesitamos entonces, reflexionar y rezar, e incluso Si la Regla de vida tiene por objetivo llevarnos a progresar en la vida cristiana, se necesita de un esfuerzo en una triple dirección:

         Liberarse (¿de qué?)

         Alimentarse (¿con qué?)

         Ejercitarse (¿en qué?)

La Regla de vida no puede ser igual para todos, ya que somos diferentes.

Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros, que no siempre es fácil de entender.

A través de pasos cortos de crecimiento y desarrollando reglas de vida apropiadas, gradualmente vamos amoldando nuestra vida al plan que Dios trazó para nosotros.  

Algunas sugerencias para ayudar a elegir una regla de vida:

         Abrirse al amor de Dios, por la oración. Al sentirnos amados, nos haremos más exigentes con nosotros mismos y esto nos impulsará a transformar nuestra vida. Para el desarrollo de una verdadera capacidad de escucha y de diálogo con Dios se necesita un tiempo fuerte de oración, en el que el Señor nos ilumine sobre las decisiones concretas a tomar. Muchos equipistas escogen su Regla de vida durante un retiro espiritual.

         La Regla de vida es personal y apuntará, siempre que sea posible, a lo esencial. Cada cónyuge es invitado a fijarse una “Regla de vida” personal, que no debe limitarse a conseguir solo el progreso individual, sino el del matrimonio y de la vida familiar y social. Se trata, por lo tanto, de saber desarrollar nuestros dones y cualidades personales, así como poder corregir algunos de nuestros puntos débiles, para que se beneficien de nuestra mejora cuantos conviven con nosotros o tenemos cerca.

Cuando se hace difícil definir una regla de vida, muchas veces el cónyuge, el consiliario espiritual o un compañero de equipo nos puede orientar o indicarnos las tendencias que debemos combatir, los dones que podríamos desarrollar, un progreso que, según ellos, podríamos hacer. Pero sobre todo ha de ser la propia conciencia, madura y formada, la que asegure esta elección con libertad.

         Flexible y exigente. La Regla de vida no es un fin en sí misma, sino un medio; algo para progresar. Por esta razón, debe limitarse a ser razonable y accesible (hay que evitar ser demasiado ambiciosos). A su vez debe ser flexible y exigente. Flexible, para poder ser adaptada, o incluso cambiada, según la realidad vivida; y exigente por ser esencial en nuestra vida. La “Regla de vida” debe ser simple, precisa y, por qué no, escrita, para recordarla mejor.

         Debe revisarse mensualmente. Es saludable, mes tras mes, darse cuenta del progreso realizado y del camino recorrido, así como de las dificultades encontradas en ese camino.

Esto ayuda a estimular el ingenio.

Se cambia la Regla de vida cuando se ha logrado un progreso, evitando la tentación de posponer el cambio de una en la que se alcanzó éxito por otra que puede resultar un desafío mayor y necesario para nuestro crecimiento.

         La Regla de vida en el seno de la pareja. Cada cónyuge debe tener la propia y puede concernir a temas muy diversos, como son los referentes a la conciencia individual, íntima de cada persona o a otros que se refieren a aspectos más prácticos de la vida conyugal o familiar. En estos últimos la complicidad y la ayuda mutua entre los esposos pueden ser muy eficaces, mientras que en los campos de la conciencia íntima, la discreción debe ser preservada.

         Buscar consejo. La experiencia demuestra que somos malos conocedores y jueces de nosotros mismos; que a veces necesitamos vernos con los ojos de los demás. Ser cristiano significa tener humildad para pedir ayuda y consejo. Nadie puede sustituirnos para fijarnos nuestra Regla de vida, pero aquellos a quienes el Señor nos ha puesto al lado, nos pueden indicar una tendencia a combatir, un don a desarrollar o los progresos que según ellos podemos hacer:

— El cónyuge: la Sentada [diálogo] es un momento propicio.

— El consiliario o el confesor: que nos ayuda a discernir lo esencial para nuestra vida espiritual y propone medios para mejorarla.

— Nuestro Equipo: participar nuestra Regla de vida no es obligatorio pero puede ser ocasión de dejarse ayudar, ya que los demás nos conocen mejor de lo que pensamos.

         ¿Cómo vivir la participación sobre la Regla de vida en la reunión de equipo? Es importante respetar la personalidad y la evolución humana y espiritual de cada uno. No es conveniente compartir el contenido de una regla de vida relacionada con aspectos íntimos y personales. No obstante, siempre será útil, en la reunión de equipo, conocer si los demás siguen su regla de vida y se esfuerzan en mantenerla, para animarse mutuamente y ayudarse con la oración de los unos por los otros. La participación sobre la Regla de vida, más que corrección fraterna, implica escucha y acogida, compren sión y compasión, disculpa y perdón, búsqueda compartida e imaginación y, sobre todo, animación.

Espere: Algunos ejemplos de regla de vida, Lecturas bíblicas
que ayudan a la hora de elegirla, Textos de apoyo

* Adaptado de “La Regla de Vida” -Complemento al Tema de Estudio del período 2013-2014 de la Superregión España. Agosto de 2013.

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