1.      Hagamos una oración espontánea.

2.       “Había una vez en una país lejano, un anciano que soñaba con entrar en el Palacio del Rey. Todos los días, durante muchas horas, espiaba tras las rejas del parque, mirando a lo lejos la fachada del Palacio.

Un día, vencidos por su obstinación, los soldados de la guardia le abrieron la puerta y lo dejaron entrar en la casa de guardia. Y después volvía todos los días a sentarse durante horas en un rincón de la sala, contemplando el va y ven de los soldados.

El anciano murió convencido de que había pasado sus últimos años en el Palacio del Rey, sin imaginar que tras los muros, a unos pasos del banco donde se sentaba, había unas salas maravillosa, llenas de tesoros incomparables que lo hubieran dejado asombrado”.

Muchas veces, en lo que concierne al conocimiento de nuestro cónyuge, nos parecemos a este anciano. Por comodidad, timidez, respeto humano o miedo, podemos renunciar a buscar su verdadero rostro y no nos fijamos más que en la ‘imagen’ que nos hacemos de él, convencidos de que conocemos bien su interior.

En realidad, podemos habernos quedado en la puerta de entrada de su misterio; fuera, delante de la entrada, creyendo estar dentro del Palacio. Y dejamos de conocer lo más importante.

3. Preguntas para orientar nuestro Dialogo Conyugal:

·        Nos parece importante expresar libremente nuestros sentimientos, sean o no agradables para el otro. ¿Por qué?

·        ¿Hemos evolucionado en nuestro conocimiento mutuo?, ¿Qué signos nos hacen percibir esta evolución?

·        ¿Cómo estamos atentos al caminar del otro?

·        ¿Cuál es la mayor aspiración de mi cónyuge en este momento?

·        ¿Cuál es su mayor preocupación en este momento?

·        ¿Cuál ha sido su mayor alegría en estos últimos tiempos?

·        En este momento, ¿qué gesto, qué palabra mía, haría feliz al otro?, ¿Porqué no hacerlo, decirlo...?

Fuente: Folleto "El Deber de Sentarse", suplemento de la Carta de los ENS nov-dic-1977. Retomado en el Encuentro Internacional, Fátima Julio 23-27 de 1994.

Otro ejemplo

Esta es y una ayuda para el Diálogo Conyugal ofrecida por la Región Norte de la Superregión España, para el mes de octubre de 2013

Curar y Preocuparse por la Gente

1. Lecturas para la Oración

“Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba”. Mt 4, 2325

“Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: ‘Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida’. Jesús les replicó: ‘No hace falta que vayan, denles ustedes de comer’. Ellos le replicaron: ‘Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces’. Les dijo: ‘Tráiganlos’. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”. Mt 14,15-21

2. Preguntas para el Diálogo

·        ¿Estamos atentos a las necesidades del otro: esposo-­esposa, padres-­hijos, hermanos, amigos, Equipo, compañeros de trabajo, desconocidos, emigrantes, marginados…?

·        ¿Cómo podemos curar y sanar al prójimo?

·        Con los demás, ¿manifestamos una actitud de escucha, de interés ante sus problemas?

·        ¿Estamos disponibles para quienes nos necesitan?

·        ¿Cómo estamos dispuestos a ayudar si nos lo piden?, ¿Y si no nos lo piden?

·        En nuestras Oraciones: ¿Tenemos presentes las necesidades de los demás?

·        En nuestras relaciones personales y sociales, en los momentos en que debemos decidir cómo actuar, qué decir, nos preguntamos: Y Jesús: ¿Qué haría?