«Dedicar cada mes el tiempo que sea preciso para un verdadero diálogo conyugal bajo la mirada de Dios». ¿Qué es un Equipo de Nuestra Señora? ¿Qué es en definitiva este «deber de sentarse –Diálogo Conyugal» al que nos invitan cada mes los Equipos de Nuestra Señora? Veamos cómo nos lo explica el Padre Caffarel:

Cristo, en el capítulo 14 de San Lucas (versículos 28 al 32), invita a sus discípulos a la práctica del «deber de sentarse». Hoy, en un siglo de velocidades vertiginosas (siglo XX), parece más oportuno que nunca hablar de este deber tan poco conocido.

Antes de emprender la construcción de nuestro hogar, han confrontado sus puntos de vista, medido sus recursos materiales y espirituales, elaborado un plan. Pero, después de haber puesto manos a la obra, ¿acaso no descuidan el detenerse para examinar el conjunto de la tarea realizada, encontrar de nuevo el ideal que se vislumbraba, consultar al Maestro de la obra? Conozco las objeciones y las dificultades, pero también sé que la casa se termina derrumbando si no se vigila el armazón del edificio.

En el hogar en que no se toma algún tiempo para detenerse y reflexionar, a menudo se instala insidiosamente el desorden material y moral; la rutina se apodera de la oración en común, de la comida y de todas las costumbres familiares; la educación se ve reducida a unas intervenciones reflejos de unos padres más o menos nerviosos; la unión se quebranta.

Se puede advertir estas deficiencias y muchas más, no solamente en los hogares sin formación, ignorantes de los problemas de la educación y de la espiritualidad conyugal, sino también en los mismos que son considerados como expertos en las ciencias familiares, y de hecho lo son, pero... en la teoría. Por falta de perspectiva, los esposos no ven lo que el visitante advierte nada más franquear el umbral, ese dejar correr las cosas ante el cual los amigos se encuentran desolados, pero no se atreven a comentar ante los interesados temiendo su incomprensión o susceptibilidad.

Existen hogares que se dan cuenta del peligro. Han considerado y adoptado medidas diversas para impedirlo. Uno de estos hogares me decía, de acuerdo con su experiencia, hasta qué punto es útil para los esposos dejar cada año unos días a los hijos y marchar a descansar o hacer un viaje de una semana.

Puede que me digan, al leer esto, que todo el mundo no lo puede hacer, porque todos no tenemos unos familiares o unos amigos a quienes podamos dejar los niños. Existen otras soluciones: por ejemplo, tres familias se han asociado para las vacaciones; han ido al mismo sitio y cada pareja ha podido hacer una escapada de una semana, dejando los niños al cuidado de los otros dos matrimonios.

Para evitar la rutina en el hogar existe otro medio que les voy a explicar con más amplitud. Tomen su agenda y lo mismo que apuntan un concierto o una visita a unos amigos, anoten una entrevista con ustedes mismos; que quede bien claro que estas dos o tres horas son «tabú», digamos sagradas, que es más cristiano. Para anular esta entrevista con ustedes mismos no admitan más motivo que aquel que los haría desistir de salir a pasar una velada fuera de casa o anular una invitación a unos amigos para comer con ustedes en casa.

¿Cómo emplear estas horas? Lo primero, no tengan prisa.

Dejen la orilla, vayan mar adentro. Es fundamental cambiar de horizontes y olvidar las preocupaciones. Lean juntos un capítulo que hayab elegido de un libro reservado para este momento privilegiado.

Después, a no ser que hayan empezado por esto, oren un buen rato. Si es posible, que cada uno haga en voz alta una oración personal y espontánea: esta manera de orar acerca milagrosamente los corazones. Así, una vez en la paz del Señor, comuníquense el uno al otro aquellos pensamientos, aquellas quejas, aquellas confidencias que no es fácil y muchas no es recomendable hacer durante los días activos y ruidosos, pero que resultaría peligros conservar en el secreto del corazón, pues, como bien saben, los silencios son los enemigos del amor.

Hagan una peregrinación a las fuentes de su amor, reconsideren el ideal entrevisto cuando iniciaban el camino juntos y con alegría. Renueven su fervor. «Es necesario creer en lo que se hace y hacerlo con entusiasmo». Luego, vuelvan al momento presente, confronten el ideal con la realidad, hagan un examen de conciencia del hogar —tomen resoluciones prácticas y oportunas para curar, rejuvenecer, airear, abrir el hogar. Que este examen sea claro y sincero; remóntense a las causas del mal que diagnostiquen.

¿Porqué no dedicar unos momentos a meditar sobre cada uno de sus hijos, pidiéndole al Señor que «ponga su ojo en su corazón», según su promesa, para que los veamos y los amemos como Él y los conduzca según sus designios?

Sobre todo, preguntémosle a Dios si Él es el primero atendido en nuestro hogar.

Si les sobra tiempo, hagan lo que crean oportuno, pero por favor no vuelvan a sus tareas o a la radio [hoy diríamos la internet N. E. W.]. ¿No tienen nada que decirse? Pues bien, callen juntos, que quizá no sea el momento de menos provecho. Recuerden estas palabras de Maeterlinck: «No nos conocemos todavía, no nos hemos atrevido a callar juntos».

Es muy importante tomar nota por escrito de lo que se ha descubierto, estudiado, decidido en el curso de este encuentro, pero esto lo puede hacer más tarde uno de los dos, y luego lo leen juntos en el próximo encuentro.

Esto que acabo de decirles no es más que un medio de mantener joven y lleno de vitalidad su amor y su hogar; seguramente existen muchos más, pero éste ya ha dado resultados.

Henri CAFFAREL

Nota del Equipo Web: Las itálicas que no están entre comillas son nuestras.