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Dios te llama para algo

24 de Junio de 2012 – Nacimiento de San Juan Bautista

 

Primera lectura: Is 49, 1-6

“El Señor me llamó desde antes de nacer”.

 

Salmo: 139 (138)

“Te doy gracias, porque me has formado portentosamente”.

 

Segunda lectura: Hch 13, 22-26

Juan anunció al Salvador y llamó a la conversión

 

Evangelio: Lc 1, 57-66. 80

“Su nombre es Juan”

 

Lea primero los textos en su Biblia para mejor comprensión

 

Juan Bautista, cuya fiesta del nacimiento celebramos, era llamado el Precursor (palabra que no se usa hoy), es decir el mensajero que anunciaba la llegada del Mesías. Jesucristo lo reconoce como el más grande profeta. Una sola frase resume el mensaje de su predicación: “Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos”.

 

Las cualidades esenciales de Juan Bautista, llamados todos a cultivarlas, son: Sinceridad, honestidad y humildad; además, es sensato y da testimonio de la venida del Mesías, inclusive señalándolo: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

 

Sinceridad: Desde el principio él afirma públicamente su misión y condena todo pecado abiertamente, sin miedo.

 

Honestidad: Vive lo que anuncia.

 

Humildad: declara que es inferior a quien anuncia. Entonces, ¿qué hacer? Juan Bautista nos da la respuesta: el amor y la justicia son las actitudes para la verdadera conversión.

 

Hambre, pobreza, desempleo, son frutos del egoísmo humano; son caminos de injusticia y desamor. La revolución salvadora está en amar y ser justos, compartiendo y apoyando a los más necesitados.

 

La salvación de cada uno y de la sociedad está en amar como Dios ama: a todos, sin medida y sin distinción. Es difícil amar, porque dejamos a nuestro “ego” que decida siempre lo que más nos guste. Amar supone desprenderse de algo que se considera propio; pero nada de lo que tenemos es propio sino de Dios, quien nos da lo que tenemos para administrarlo bien.

 

Al hablar de injusticia, podemos citar el caso del hambre en muchos lugares. Por ejemplo, no se puede hablar de escasez de alimentos, pues no la hay. ¡Hay de sobra y mucha tierra para cultivar! No se entiende cómo se botan con frecuencia miles de litros de leche u otros alimentos, “porque no los pagan a un precio exigido”. Lo que hay es una mala distribución de los bienes.

 

No hay escasez de alimentos, falta de recursos para educación, salud y vivienda, y otras cosas. Lo que hay es desperdicio por egoísmos, por deseos de acaparar riquezas, por no pensar en los demás. Hay un manejo egoísta de los hombres.

 

Es fácil disculparnos personalmente diciendo que ricos y empresarios son los culpables porque no hacen nada a favor de los pobres, pues muchos sí lo hacen. La pregunta que debo hacer es: ¿Pero yo qué hago?... ¿Tú, qué haces? Amor y justicia van unidos de la mano; no pueden separarse.

 

Hay muchas acciones de conversión que podemos y debemos emprender. En los campos personal, de la educación, laboral, de la salud, familiar, sindical, informativo o comunicativo y en muchos más.

 

En nuestras actividades diarias encontramos muchos momentos en que podemos corregir nuestras propias injusticias o las de otros y en que podemos demostrar acciones de amor por los demás.

 

Lo importante es advertir cada uno que: “Dios me llama para hacer algo”. ¿Pero qué es? Eso es precisamente lo que yo debo averiguar. Dios me dio carismas especiales, habilidades que no tienen otros y me puso en un lugar geográfico y social determinado.

 

Es eso lo que debo considerar y determinar lo que yo puedo hacer a imitación de Jesucristo. Dios me llama para algo; para hacer algo de mi vida en relación con Él. No tengas miedo en descubrirlo, porque Él mismo te ayudará a hacerlo. Sigamos los llamados de Juan Bautista, porque el Reino de Dios está entre nosotros, y está reservado para los que oigan y sigan a  Jesucristo.

 

Frase para meditar: Las leyes humanas no cambian la sociedad,
si los que la conforman, no se convierten personalmente
.

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