Equipo, Comunidad de Iglesia Abierta al Mundo
E-mail Imprimir PDF, guarde el archivo antes de cerrar

Al finalizar el encuentro de Lourdes en 2006, todas las parejas de Equipistas fueron invitadas a convertirse en mensajeros del Movimiento «...en todos los rincones del mundo». La orientación general adoptada para los años siguientes, que nos fue entregada en ese momento fue: «Equipos de Nuestra Señora, comunidades de parejas, reflejos del amor de Cristo».

Mientras avanzamos por el largo camino al cual nos conduce esta orientación, es oportuno volver a examinar nuestro rol como comunidad así como nuestra capacidad, como parejas y como equipo, de estar verdaderamente abiertos al mundo.

El hecho de que el equipo es una comunidad, es por definición incontestable. El hecho también de que los Equipos son una comunidad de Iglesia es bien preciso, no solamente en la Carta Fundacional de 1947, sino también en el Decreto de Reconocimiento del Consejo Pontificio sobre los Laicos, en 2002.

Sin embargo, sugerimos que el que los Equipos deben abrirse al mundo, sea objeto de un examen más minucioso.

En su editorial de Junio de 1948, el padre Caffarel planteó un desafío a los Equipos con su pregunta "¿Son nuestros Equipos un gabinete de señoras?". Sesenta años más tarde podemos hacernos la misma pregunta. Si bien es cierto que muchos equipistas participan activamente en diversos dominios de la Iglesia y de la sociedad, como lo hacían en 1948, el reto lanzado por el Padre Caffarel fue: «...en cada Equipo... los matrimonios se preguntan si no es posible ir más lejos todavía en el compromiso y el don de sí mismo».

Nosotros hemos tenido la suerte de que gracias a nuestra participación en los Equipos, tenemos más conciencia del concepto de la «espiritualidad conyugal» y no nos limitamos al desarrollo de la espiritualidad del individuo, aunque esto sea un aspecto importante de nuestro desarrollo personal y de pareja. La pareja está formada por dos personalidades diferentes; cada una capaz de expresarse libremente; pero cuando se unen y forman una pareja, adquieren una mayor sabiduría. Cada pareja aporta su individualidad y su experiencia común al equipo. Compartiendo estas experiencias con los otros miembros del equipo, crean una comprensión más profunda y una aprobación, y así forman la dinámica de su equipo.

Este es el carisma de los equipos que debemos probar al mundo. No somos una asociación secreta o como decía el Padre Caffarel, "un gabinete de señoras"; somos en realidad la base de la sociedad Cristiana, de la familia y de la Iglesia.

Por esta razón debemos estar dispuestos a ser testigos y a servir a las otras parejas con un espíritu de misión. Debemos tener ante nosotros las palabras del Papa Juan Paulo II quien, refiriéndose al tema de la espiritualidad misionera, en su encíclica de 1990 Redempetoris Missio, observaba que «la vocación universal a la santidad está estrechamente vinculada a la vocación universal a la misión. Todos los fieles son llamados a la santidad y a la misión». (Capítulo VIII, 90)

La Guía de los Equipos, haciendo referencia a la misión dice: «Las parejas deben ser una levadura de renovación no solamente en la Iglesia, sino también en el mundo, y poner de manifiesto a través de su testimonio que:

• el matrimonio está al servicio del amor,

• el matrimonio está al servicio de la felicidad,

• el matrimonio está al servicio de la santidad».

«Innumerables matrimonios les estarán agradecidos por la ayuda que les aportaréis; la mayoría de las parejas tienen en efecto, hoy, necesidad de ayuda». (Paulo VI a los ENS- 1976)

Uno de los más importantes puntos concretos para nuestra vida de Equipos es la Regla de Vida. Esta nos llama a seguir una vida que nos acerque más a Dios y que sea en realidad un camino de santidad. ¿Podríamos añadir que es un llamado a dejar nuestra zona de confort? ¿Cuánto tiempo hace que hablamos con otras parejas que no pertenecen al Movimiento de los Equipos y ante quienes fuimos testigos de la existencia del movimiento y de las ventajas de la vida de Equipo? ¿Cuándo invitamos a otras parejas a compartir con nosotros el camino de Equipo?

Nunca deberíamos encontrarnos en la situación de esa pareja de la cual hemos oído hablar y que al oír mencionar los Equipos, suspiraron respondiendo: "Sí, hubiéramos querido unirnos a los Equipos, pero nunca fuimos invitados".

«La sociedad contemporánea necesita particularmente el testimonio de parejas que perseveran en su matrimonio, como una Señal elocuente (incluso si es a veces difícil de llevar) de nuestra condición humana y del amor constante de Dios». (Juan Pablo II, Agenda Para el Tercer Milenio)

Hemos sido llamados a ser testigos de que el matrimonio es una fuente de amor, felicidad y santidad así como de realización humana. Debemos imponernos el reto de ser "misioneros" de los Equipos para otras parejas y para la sociedad. Lo que hemos recibido gracias a nuestra participación en los Equipos, es un don que debemos compartir y no acumular y guardar para nosotros mismos.

Más concretamente, es un don que debemos compartir con los jóvenes que empiezan su vida de pareja. Es un don que no solamente permite a las parejas desarrollarse juntos en espiritualidad y apoyo mutuo, sino que sobre todo les ofrece un medio para vivir su propio matrimonio sacramental al máximo.

También deberíamos desarrollar las técnicas que hemos aprendido presentando la alegría del matrimonio a la sociedad en general.

En 2007, el Papa Benedicto XVI dirigiéndose a un grupo de jóvenes que participaban en una «Misión de los Jóvenes» en Roma, organizada por la Arquidiócesis de Madrid dijo: « No dejen de cultivar ustedes mismos el encuentro personal con Cristo, de guardarlo siempre en el centro de su corazón, ya que así, toda su vida se volverá una misión y dejarán traslucir el Cristo que vive en ustedes». Quizá como miembros de los Equipos podríamos tomar esas ideas de corazón, individualmente y en pareja, mientras tendemos los brazos a nuestros hermanos.

Para estar abiertos verdaderamente al mundo como testigos de los Equipos, debemos estar dispuestos a asumir la responsabilidad. No es suficiente decir "que lo hagan los otros". Debemos asumir la responsabilidad, con los otros como miembros de nuestro Equipo y en la Iglesia, de ser testigos del poder de la pareja como base de la familia.

«La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad para que el amo de la cosecha envíe obreros a su mies». (Luc. 10:2).

En conclusión, mientras prevemos cómo cada uno de nosotros, individualmente y en pareja, puede ir hacia el mundo y compartir eficazmente el carisma de los Equipos, reflexionemos sobre las palabras de Santa Teresa de Lisieux, una de las patronas de las misiones «No sabemos lo que el futuro nos reserva, pero sabemos que lo reservará».

Jan y Peter Ralton
Tomado de: www.equipes-notre-dame.com/es/actualidad/correos-del-eri/57-courrier-eri-2009-01

 

Otros artículos de esta categoría