La Familia Dentro de la Gran Iglesia

 

"(...) la relación entre los padres y los hijos (...) es la llama de la fe que se transmite de generación en generación.

 

La familia es fundamental, porque allí germina en el alma humana la primera percepción del sentido de la vida. Florece en la relación con la madre y con el padre, que no son dueños de la vida de los hijos, sino los primeros colaboradores de Dios para la transmisión de la vida y de la fe.

 

 (...) la imagen del árbol nos dice que cada uno de nosotros necesita un terreno fértil en el cual arraigar las propias raíces, un terreno rico de sustancias nutritivas que hacen crecer a la persona: son los valores, pero sobre todo, el amor y la fe, el conocimiento del verdadero rostro de Dios, la conciencia de que Él nos ama infinitamente, fielmente y pacientemente hasta dar la vida por nosotros. (...)

 

En este sentido, la familia es ‘pequeña iglesia', porque transmite a Dios, transmite el amor de Cristo, en virtud del Sacramento del matrimonio. (...) La familia, para ser ‘pequeña iglesia', debe vivir dentro de la ‘gran Iglesia', es decir en la familia que Cristo vino a formar".

 

Ciudad del Vaticano, 3 Octubre de 2010 (VIS).- Benedicto XVI, durante el último encuentro de su visita pastoral a Palermo (Italia), con miles de jóvenes congregados en la Plaza Politeama

 

La Iglesia se preocupa por la familia

 

La Iglesia ve (...) con preocupación el creciente intento de eliminar el concepto cristiano de matrimonio y familia de la conciencia de la sociedad. El matrimonio se manifiesta como unión duradera de amor entre un hombre y una mujer, que se dirige también a la transmisión de la vida humana. Una condición suya es la disposición de los cónyuges de relacionarse uno con otro para siempre. Por esto es necesaria una cierta madurez de la persona y una actitud fundamental existencial y social: una "cultura de la persona" como dijo una vez mi predecesor Juan Pablo II. La existencia de esta cultura de la persona depende también de desarrollos sociales. Puede comprobarse que en una sociedad la cultura de la persona se abaje; a menudo esto deriva paradójicamente del crecimiento del estándar de vida.

 

En la preparación y en el acompañamiento de los cónyuges, es necesario crear las condiciones básicas para levantar y desarrollar esta cultura. Al mismo tiempo debemos ser consciente de que el éxito de los matrimonios depende de todos nosotros y de la cultura personal de cada ciudadano. En este sentido, la Iglesia no puede aprobar las iniciativas legislativas que impliquen una revaloración de modelos alternativos de la vida de pareja y de la familia. Estas contribuyen al debilitamiento de los principios del derecho natural y así a la relativización de toda la legislación y también a la confusión sobre los valores en la sociedad.

 

Es un principio de la fe cristiana, anclado en el derecho natural, que la persona humana sea protegida precisamente en la situación de debilidad. El ser humano siempre tiene prioridad respecto a otros objetivos. Las nuevas posibilidades de la biotecnología y de la medicina nos ponen a menudo en situaciones difíciles que se parecen a un caminar sobre el filo de la navaja. Tenemos el deber de estudiar diligentemente hasta donde estos métodos pueden ser de ayuda para el hombre y dónde en cambio se trata de manipulación del hombre, de violación de su integridad y dignidad. No podemos rechazar estos avances, pero debemos ser muy vigilantes. Una vez que se empieza a distinguir, y esto sucede ya a menudo en el seno materno, entre vida digna e indigna de vivir, no estará a salvo ninguna otra fase de la vida, y aún menos la ancianidad y la enfermedad.

 

Castel Gandolfo, 13 de septiembre de 2010 (zenit.org).- Apartes del discurso del Papa Benedicto XVI al nuevo embajador alemán ante la Santa Sede, Walter Jürgen Schmid.

 

"La Iglesia, consciente de su misión de servir al hombre y a la sociedad con el anuncio de Cristo Salvador, recuerda las implicaciones antropológicas y sociales que derivan de Él. Por esta razón no cesa de afirmar los valores fundamentales de la vida, del matrimonio entre un hombre y una mujer, de la familia, de la libertad religiosa y educativa: valores sobre los cuales se implanta y se garantiza cualquier otro valor declinado en el plano social y político. Las muchas familias que acogen la presencia de Jesús y viven según la verdad de la familia, no cesan de dar testimonio de la belleza y de la correspondencia al corazón del hombre de cuanto la Iglesia proclama mostrando que es posible vivir en familia como Cristo invita".

 

De la Declaración Final de la 40ª Asamblea general del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), que se ha celebrado este fin de semana en Zagreb (Croacia). (Zenit.org) 4 de octubre de 2010.-

 

"Quisiera hoy de manera especial dirigirme a los padres de familia, que con la excusa del excesivo trabajo que a veces nos imponemos o nos imponen, van descuidando a las ovejas, dejándolas al arbitrio de los lobos de este mundo. Hoy más que nunca debemos estar atentos a las amistades de nuestros hijos, a los programas que ven y sobre todo a los ejemplos que les damos en la casa; el descuido en su crecimiento y en áreas tan importantes como estas, ponen en grave riesgo la vida espiritual y moral de los niños, especialmente de los adolescentes.

 

Recordemos que Jesús nos invita a velar por las ovejas y a ser como él: El buen pastor, el que da su vida por sus ovejas. Nada les podremos dar mejor a nuestros hijos que el ejemplo de un buen pastor que estuvo siempre al pendiente de ellos".

 

Ernesto María Caro, Pbro., Evangelización activa. Comentario a Ezequiel 34, 1-11.