La Lectio Divina

 

Nota del Equipo Web:

Los invitamos a practicar este excelente método para cumplir nuestra ayuda de Escucha diaria de la Palabra.

 

La Lectio Divina es básicamente una lectura orante de las Escrituras; es un forma distinta al estudio de la Biblia (exégesis), o la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia o la lectura continua de largos pasajes bíblicos. El objetivo es experimentar un encuentro con el Señor a través de la lectura orante de un pequeño extracto de la Biblia.

 

Adaptación de la antigua práctica de la Lectio Divina para los católicos actuales, según Monseñor Thomas Collins, Arzobispo de Toronto.

 

"Hay muchas formas en las que los cristianos han hecho esto en los últimos 2.000 años. La forma en la que yo realizo la Lectio Divina está basada en métodos usados por otros, con adaptaciones a mi propia situación. La gente puede hacer esto de diferentes maneras".

 

Comienzo con la oración solemne de las Vísperas en la catedral, con el canto de los salmos. Es un práctica antigua que enriquece nuestra vida moderna. Después salgo y me quedo al lado del santuario, dando a veces alguna información que sea de utilidad a los fieles para la oración del texto.

 

Hay tres fases en la Lectio divina:

 

La primera, hacemos la Señal de la Cruz para comenzar el tiempo dedicado a la lectio divina. Necesitamos situarnos a nosotros mismos, conscientemente, en la presencia de Dios, pidiéndole perdón por nuestros pecados y apartando las distracciones que nos evitan escuchar la Palabra de Dios.

Rezamos la oración del joven Samuel: "Habla Señor, que tu siervo escucha".

 

La segunda fase es la oración del texto sagrado. Primero leo el pasaje entero lentamente, con voz fuerte, y pido a todos que consideren qué nos dice a nuestra cabeza, corazón y manos: esto es conocer a Dios, amar a Dios, servir a Dios.

 

Después de un periodo de silencio, leo el primer versículo del pasaje. Y entonces hago unas pocas observaciones que me vienen a la mente e invito a la gente a pasar algún tiempo en silencio, reflexionando sobre dicho versículo.

 

Este patrón se sigue con el resto de versículos: texto, comentario, silencio y, al final, vuelvo a leer el texto completo, al que le sigue otro rato de silencio.

 

La tercera fase es la oración del Padrenuestro, Ave María, Gloria y la Señal de la Cruz, antes de volver de nuevo al ajetreo de nuestra vida diaria.

 

Fuente: (ZENIT.org). 23 de marzo de 2011

 


Cómo la hace S.S. Benedicto XVI

 

El Papa Benedicto XVI celebró la Lectio Divina, la tarde del viernes 4 de marzo, con los miembros del Seminario Mayor de Roma y todos los seminaristas diocesanos, con motivo de la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Confianza.

 

Dios, el Señor, nos ha llamado a cada uno de nosotros; cada uno es llamado por su nombre. Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno de nosotros: me conoce, nos conoce a cada uno por el nombre, personalmente. Es una llamada personal a cada uno de nosotros. Pienso que debemos meditar varias veces este misterio: Dios, el Señor, me ha llamado a mí, me llama, me conoce, espera mi respuesta como esperaba la respuesta de María, esperaba la respuesta de los Apóstoles.

 

Dios me llama: este hecho debería hacernos estar atentos a la voz de Dios; atentos a su Palabra, a su llamada hacia mí, para responder, para realizar esta parte de la historia de la salvación para la que me ha llamado.

 

En este texto (Ef 4,3), además, san Pablo nos indica algún elemento concreto de esta respuesta con cuatro palabras: "humildad", "dulzura", "magnanimidad", "soportándoos mutuamente por amor".

 

Quizás podamos meditar brevemente estas palabras en las que se expresa el camino cristiano. Volveremos al final, una vez más, sobre esto.

 

"Humildad": la palabra griega es tapeinophrosyne, la misma palabra que san Pablo usa en la Carta a los Filipenses cuando habla del Señor, que era Dios y se humilló, se hizo tapeinos; descendió hasta hacerse criatura, hasta hacerse hombre, hasta la obediencia de la Cruz (cfr Fil 2,7-8).

 

Humildad, por tanto, no es una palabra cualquiera, una como modestia, algo... sino que es una palabra cristológica. Imitar al Dios que desciende hasta mí, que es tan grande que se hace mi amigo, sufre por mí, ha muerto por mí.

 

Esta es la humildad que hay que aprender, la humildad de Dios. Quiere decir que debemos vernos siempre en la luz de Dios; así, al mismo tiempo, podemos conocer la grandeza de ser una persona amada por Dios, pero también nuestra pequeñez, nuestra pobreza. Y así comportarnos justamente, no como amos, sino como siervos. Como dice san Pablo: "No pretendemos imponer nuestro dominio sobre vuestra fe, lo que queremos es aumentar vuestro gozo" (2Cor 1,24)... 

 

"Dulzura": en el texto griego aquí está la palabra praütes, la misma palabra que aparece en las Bienaventuranzas: "Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la tierra" (Mt 5,5,). Y en el libro de los Números, el cuarto libro de Moisés, encontramos la afirmación de que Moisés era el hombre más manso del mundo (cfr 12,3) y, en este sentido, era una prefiguración Cristo, de Jesús, que dice de sí mismo: "Yo soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29).

 

También esta palabra... "manso", "dulzura", es una palabra cristológica e implica de nuevo esta imitación de Cristo. Porque en el Bautismo somos conformados a Cristo; por tanto debemos conformarnos a Cristo, encontrar este espíritu del ser mansos, sin violencia, de convencer con el amor y con la bondad.

 

"Magnanimidad", makrothymia significa la generosidad del corazón, no ser minimalistas que dan sólo lo que es estrictamente necesario: démonos a nosotros mismos con todo lo que podemos, y crezcamos también nosotros en la magnanimidad.

 

"Soportándoos en el amor": soportarse unos a otros en la propia alteridad es una tarea de cada día y precisamente soportándonos con humildad, (la tarea es...) aprender el verdadero amor.

 

ROMA, lunes 7 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- El texto de la Lectio fue Ef 4,3.